Los primeros indicios del movimiento son manifestados en el vientre materno, a través de las “pataditas, que si bien constituyen el saludo: “Hola mamá, acá estoy”, también, representan los primeros ejercicios para, en su momento, aplicarlos a la acción de caminar.

El recién nacido hace intensos movimientos de pataleo alternativo que se parecen mucho al acto de dar pasos. Como resultado de los estirones y los pataleos aprende a coordinar los músculos de las piernas y el tronco; más tarde, desarrolla el equilibrio. Todo esto es esencial para andar, pero necesita de tiempo, que va de los 9 a los 15 meses, para excitante momento de “hacer turismo” por toda la casa por cuenta propia y bajo la atenta mirada del adulto a cargo.

El juego constituye la manifestación espontánea y el modo peculiar de satisfacer la necesidad de movimiento para lograr la comprensión progresiva de la realidad.

El movimiento  y el juego en conjunto tonifican el sistema nervioso, lo que contribuye el desarrollo de los músculos y huesos; a la mejora del funcionamiento del corazón, de los pulmones, del aparato digestivo y excretorio y a la composición de la sangre y el metabolismo.

En un inicio, el juego en el niño y la niña es eminentemente corporal y sensorio motor, logra así su dominio motor, la estructuración del espacio, el conocimiento y la comprensión progresiva de la realidad.

El juego en los primeros años es libre, espontáneo y con movimientos repetitivos. En estos movimientos se puede observar una progresión.

En un principio, ejercita sus manos, hacia los tres meses y medio pone ya en función todo su brazo y, con movimientos bruscos, busca placer en hacer sonar los cascabeles o sonajas colocadas en las barandas de su cuna, naciendo, desde ya, los juegos de exploración y manipulación: exploración de su cuerpo y el de otros (de sus padres, familiares y personas allegadas) y manipulación de todo aquello que esté a su alcance.

A partir del segundo año, los juegos de imitación prevalecerán y estarán ligados al medio familiar, proyectándose luego, al medio social. La compañía de un adulto en los juegos del niño o niña es necesaria, porque justamente donde haya peligro, ahí estarán ellos presentes.

Vemos así como la psicomotricidad se consolida en interacción con el desarrollo del juego en los niños y la exploración con materiales lúdicos (juguetes y objetos con los que el niño juega).
Ps. Micaela Cáceres Vásquez

1.- Diseño Curricular de E.B.R, 2006
2.- Loli y Silva (2006) Psicomotricidad, Intelecto y Afectividad

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